Wojciech Jerzy

mayo 7, 2009

wojciech-jerzyCineasta en singular

Se trata del cineasta polaco más singular. Su personalísimo aire surrealista de varios de sus filmes, y la mirada que dirige al ser humano no tienen comparación con sus colegas compatriotas.

Wojciech Jerzy Has nació el 1 de abril de 1925 en Cracovia, Polonia. Moriría en Lodz en 2000, aunque no hizo cine después de 1988, dedicado más al mundo de la enseñanza, donde ya se movía años antes. Durante la Segunda Guerra Mundial estudió en la Escuela de Comercio y en la Escuela de Artes Industriales en Cracovia, aunque esta última era una tapadera de la Escuela de Bellas Artes, cerrada en aquellos años, y donde completó sus estudios terminada la guerra. Además, Has estudió un año de cine en el Instituto de Cine de su ciudad natal. Entre 1947 y 1955 firmará una decena de filmes educativos y documentales para la Wytwornia Filmow Dokumentalnych. Aunque le interesa sobre todo contar historias de ficción, y ya en 1947 dirige un mediometraje, Harmonia. Pero no es hasta 1957, cuando film Petla, que logra una cierta repercusión, en su dramática mirada al alcoholismo.

Aunque Has trabaja en los años del auge de la prestigiosa Escuela Polaca, su cine está al margen del cine que realizan sus compañeros de profesión, él “hace la guerra por su cuenta”, por así decir. Dirige películas con una gran carga de drama psicológico, aunque los filmes por los que es más conocido son los de aire surrealista y buñuelesco, singularmente las tres horas de El manuscrito encontrado en Zaragoza (1965), personalísima adaptación de la novela de Jan Potocki. Historia ambientada en la España invadida por las tropas napoleónicas, el manuscrito del título hallado por Alfonse Van Worden da lugar a un auténtico juego de muñecas rusas, de historias que se abren dentro de la historia, un despliegue de curioso barroquismo, con seductoras mujeres, extraños monjes, y vaticinadores del porvenir, que cautiva y cansa a partes iguales, pero que no puede dejar a nadie indiferente. Este esquema lo adoptaría también Has en el título que cierra su filmografía, Las tribulaciones de Balthasar Kober (1988). También es singularísima Sanatorium pod klepsydra (1973), del “Kafka” polaco Bruno Schulz, una reflexión diferente sobre el Holocausto, premiada en Cannes.

“El tópico fundamental de cine para mí es el viaje”, asegura el cineasta. “El punto de partida es siempre la literatura”, explica. “Operar en el tiempo. Abreviar el tiempo. Saltos temporales. Líneas colaterales y varias capas. El espacio es el dominio de la pintura; el tiempo es el dominio de la literatura y el cine. Jugar con el tiempo activa la imaginación de los espectadores.” Son frases suyas con las cuales nos dice su modo de hacer.

No obstante los filmes referidos, el director también aborda historias más asequibles, de tipo psicológico. La nostalgia domina en películas como Los adioses (1958), Habitación común (1960), Adiós, juventud (1961), El oro de mis sueños (1962) y El arte de ser amado (1963). La cuestión de la autoestima el punto subrayado en Lalka (1968), adaptación de una novela de Boleslaw Prus. También visita a Anton Chejov en Una historia banal (1982), triste historia sobre la soledad de una vida sin alicientes.

Decía Has que “las cosas del pasado, cuestiones dejadas atrás hace tiempo, se superponen a la realidad actual. El subconsciente invade la realidad. Los sueños así permiten una revelación, nos muestran el futuro”.

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